Mi madre es como el narco. Cuidado a aquellos que la vean armada y siniestra, como muchas de las veces.
Mi madre es como el narco porque mira con odio y su lógica está enrevesada en una filigrana de concupiscencia torpe, malogra y comúnmente ignorante.
Mi madre es como el narco, pero también es como las ingenuas periferias que lo rodean.
Mi madre es como el narco cuando detesta con su nimia locomoción de hacedora de nada, de miedo perpetuo, de cigarros a millar.
Mi madre es como el narco y lo digo como así Orestes y como así Electra que apuntaron enhiesto el índice y profirieron no por terror, no por odio, no por venganza, no por asco, sino por la única efigie del yoísmo; qué sino el decir. Queda también señalar que Clitemnestra no golpeó en el acto, no trató de aferrar su defensa a la batalla, no lloró.
Mi madre, Clitemnestra, el narco, en abstracto y en teoría nunca llorarán.
Mi madre es como el narco porque mira con odio y su lógica está enrevesada en una filigrana de concupiscencia torpe, malogra y comúnmente ignorante.
Mi madre es como el narco, pero también es como las ingenuas periferias que lo rodean.
Mi madre es como el narco cuando detesta con su nimia locomoción de hacedora de nada, de miedo perpetuo, de cigarros a millar.
Mi madre es como el narco y lo digo como así Orestes y como así Electra que apuntaron enhiesto el índice y profirieron no por terror, no por odio, no por venganza, no por asco, sino por la única efigie del yoísmo; qué sino el decir. Queda también señalar que Clitemnestra no golpeó en el acto, no trató de aferrar su defensa a la batalla, no lloró.
Mi madre, Clitemnestra, el narco, en abstracto y en teoría nunca llorarán.
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