La táctica podría concebirse como imberbe, chafa, infantil. También como innecesaria, inextricable, parafernálica. Podría verse, cuando no sólo se ve, tan desmedida que provoque ningunearla. Tal vez sí, se debería. Lo que acontecía después era definir las circunstancias. Una mirada que dice no y un motor pequeño y aburrido que no enciende mas que para abreviar sílabas, truncar verbos, redondear silogismos. Y en esa mirada: una sonrisa. Una desviación. Un titubeo. Pero en esa nada: una sonrisa, que me supo a vuelco, a eufemismo de algo más, a que simplemente todo debería ser así. Que el estar en la Periferia de las situaciones, de la gente, de los gremios, también es un estar. Y hay, queda decir, muy pocas cosas que te lo aclaren.
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